Aprender a enseñar

"La educación es la base de la sociedad. Si queremos crear una sociedad libre de hombres y mujeres libres, debemos cuidarla y respetarla, de palabra y de obra. Y sobre todo, a sus protagonistas: alumnado y cuerpos docentes".

galtza fp navarra web

Durante unas semanas de esta primavera que ahora agoniza ante la cálida insolencia del verano pude experimentar la vida en Pamplona desde una perspectiva insólita para mí.

Como parte del programa de master de profesorado en Educación Secundaria, Formación Profesional y Bachillerato, que he venido cursando desde septiembre, realicé las prácticas correspondientes en un centro de Formación Profesional de Pamplona.

Ubicado en la zona sur de nuestra ciudad, en lo alto de una colina a cuyos pies se sitúa el campus universitario, en el cauce del río Sadar, el centro otorga una panorámica incomparable de la cuenca de Pamplona. Un paisaje revisitado tantas veces en la distancia ahora se ofrecía nítido como el agua de un arroyo de montaña.

Cuán extraño resultaba mirar cada día desde la ventana del aula donde observaba a mis maestras ejercer el arte de la enseñanza, junto a la pizarra embadurnada de fórmulas de cálculo de intereses y descuentos por pronto pago, mi ciudad, de la que vivo alejado, en el exilio.

Cada mañana recorría las calles de Pamplona acompañando a mi tutora, escuchando al Pirata pinchar los viejos himnos radiofónicos, tratando de orientarme, no tanto geográfica como espiritualmente.

Como diría Andrés Calamaro, qué más quisiera que pasar la vida entera, como estudiante el día de la primavera. Décadas atrás quedaban mis propios años de estudiante de Secundaria y Bachillerato. Ahora, observo desde el pupitre la realidad del aula actual.

Dicen que los adolescentes de hoy no escuchan, su atención es nula, pasan de todo y viven sumergidos en las pantallas de sus móviles.

Aprende a aprender. Las ideas preconcebidas, manoseadas, recogidas de voces supuestamente autorizadas, no son más que el ladrido informe de los perros al paso de la caravana. Los chavales de hoy en día son idealistas, afables, cariñosos y abiertos, sensibles a lo que ocurre a su alrededor.

La educación es la base de la sociedad. Si queremos crear una sociedad libre de hombres y mujeres libres, debemos cuidarla y respetarla, de palabra y de obra. Y sobre todo, a sus protagonistas: alumnado y cuerpos docentes.

Muchas personas de mi generación crecimos minusvalorando la Formación Profesional, rendidos al oropel de los reportajes de los suplementos dominicales que preconizaban las carreras universitarias con mayores posibilidades de lucro, ávidos de untar las últimas migajas esparcidas en la mesa de un capitalismo moribundo.

Pues bien, he podido comprobar que la FP tiene mucha calidad pedagógica; un diseño curricular sólido; cuenta con excelentes profesionales de la educación dedicados en cuerpo y alma a formar personas valiosas y productivas y alumnos y alumnas fantásticos, motivados y comprometidos con su educación.

Muchas personas de mi generación crecimos minusvalorando la Formación Profesional

Paul Galtzagorri

Desde mi experiencia en la empresa privada puedo constatar que estos chavales de la FP vendrán muy bien preparados para ejercer sus labores profesionales con competencia y eficiencia, pertrechados de las habilidades y destrezas que exige la sociedad de hoy.

Ikasten Ikasi. Desde que terminé mis estudios e inicié mi carrera profesional he residido en el extranjero. Soy de Pamplona y tengo un gran afecto por mi tierra. La realización de estas prácticas representó una oportunidad para reconectar con mis raíces, tener una experiencia de primera mano con las nuevas generaciones de alumnos y en general con la docencia en el siglo XXI. Además, pude experimentar la riqueza cultural de nuestra ciudad, escuchando a mis compañeros y alumnos expresarse en euskera, inglés y castellano, en un clima de respeto y colaboración.

Cada tarde, después de las prácticas, volvía a casa caminando, cavilando sobre las experiencias del dia, mientras atravesaba tantos lugares importantes de mi vida. El campus universitario, el río Sadar, el estadio de Osasuna. Alzando momentáneamente la vista ante los carteles publicitarios que pregonaban hamburguesas sabrosas, muebles baratos o el próximo concierto de los Tigres del Norte en el Navarra Arena, descuidaba apenas por unos instantes la mirada de lo realmente importante: las personas, vecinas de nuestra ciudad, que cada día salen de sus casas a tratar de construir un mundo mejor. También fueron estudiantes, también aprendieron a aprender.

Learning to learn. Todo llega a su fin, y al término de las prácticas regresé al país donde vivo, lejos de Pamplona. Con la mochila llena de nuevas experiencias, satisfecho de ver que el futuro de la sociedad navarra está en buenas manos, y con la esperanza de poder poner algún dia al servicio de mis convecinos lo aprendido en el exterior, pues como decía Paul Auster en el Diario de invierno, «…tal es el precio que pagas por salir de casa, y mientras sigas viajando, el ningún lugar que se encuentra entre el aquí de casa y el allí de otro lugar seguirá siendo uno de los lugares donde vives».

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