Sofía Esparza: la voz que surgió de un Arpa
La soprano pamplonesa Sofía Esparza (1994) se ha consolidado como una de las voces líricas más prometedoras de España. Formada en el Conservatorio Pablo Sarasate y becada por la Fundación Victoria de los Ángeles, ha cantado en escenarios de Barcelona, Madrid, Bolonia o Basilea, mientras impulsa la recuperación de compositores como Arrieta y Barbieri.
Sofía Esparza. Sofía Esparza
Hay carreras que se construyen con paciencia y otras que parecen destinadas a brillar desde el primer momento. La de Sofía Esparza Jáuregui (Pamplona, 1994) tiene algo de ambas. Empezó a los ocho años frente a las cuerdas de un arpa en el Conservatorio Pablo Sarasate: una base de disciplina que hoy sostiene una de las voces más sólidas de la lírica actual.
Su formación es de las más completas de su generación. Se graduó en el Conservatorio Superior de Navarra con el Premio Extraordinario de Fin de Estudios; además, es titulada en Arpa y licenciada en Pedagogía Musical, con Matrícula de Honor. Esa misma pasión la llevó después a Barcelona, donde el Máster de Lied de la ESMUC le valió la beca de excelencia de la Fundación Victoria de los Ángeles.
A pesar de su juventud, Sofía ya ha pisado escenarios con los que cualquier cantante sueña. En España es habitual verla en el Teatro de la Zarzuela, ópera de Tenerife, Teatro Campoamor y próximamente en el Teatre del Liceo de Barcelona y Teatro Real de Madrid. Fuera de nuestras fronteras, ha conquistado plazas tan exigentes como el Teatro Comunale de Bolonia, donde abrió temporada como Adina en L’elisir d’amore, o la Ópera de Basilea, donde dio vida a Liù en Turandot y Viena, Armenia, Rumanía, Georgia…
Pero lo que define a Sofía no son solo los aplausos internacionales, sino su compromiso con el patrimonio. A través del sello Odradek Records, se ha empeñado en que el mundo redescubra a compositores como Emilio Arrieta o Francisco Asenjo Barbieri, rescatando canciones inéditas con el rigor de quien conoce bien sus raíces.
En 2022, el Gobierno de Navarra y la Institución Príncipe de Viana le concedieron el Premio a la Promoción del Talento Artístico. Sueña con poder cantar algún día en su Pamplona, hacer que ‘reviente’ el Baluarte con su voz y, sobretodo, con el aplauso de su gente.
1. ¿Cuál es el plato, pintxo o producto de Pamplona que más extrañas y que primero comes cada vez que vuelves?
Sin duda, el huevo del Bar Río. Es casi un ritual para mí cada vez que vuelvo a Pamplona, automáticamente me devuelve a casa. Y en cuanto a dulces, los garroticos de Beatriz, los echo muchísimo de menos y siempre caen. Son pequeños placeres muy pamplonicas que llevo grabados.
2. ¿Cuál es tu rincón o «cosica» de Pamplona que más te gusta y por qué?
El Caballo Blanco. He vivido allí momentos muy especiales y para mí sigue siendo un lugar cargado de recuerdos. Tiene unas vistas preciosas, un ambiente muy particular y esa mezcla de nostalgia y calma que solo tienen los sitios importantes de tu vida.
3. ¿Qué le dices a alguien que no conoce Pamplona para convencerle de que visite la ciudad?
Que venga a Pamplona al menos una vez en la vida, porque tiene historia, gastronomía increíble, naturaleza a dos pasos y un ambiente muy acogedor. Es perfecta para pasear sin rumbo, comer bien, sentarte y sentir que todo va un poco más despacio, pero a su vez con alma. Y por supuesto, le hablo de nuestros Sanfermines. Para mí es una fecha muy especial, es volver a casa, reencontrarme con mi gente y sentir una energía única que solo existe esos días. Los Sanfermines no son solo fiesta, son emoción, tradición, familia, abrazos, calles llenas de vida y una sensación de pertenencia muy profunda.
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