El hueso de la aceituna
Ser o no ser, es la cuestión de la aceituna
El aperitivo del próximo vermú ya no nos sabrá igual. El picoteo para ver desde el sofá el partido a domicilio de Osasuna tendrá un regusto distinto. Las «gildas» en los bares han quedado viudas.
Y es que la empresa Aceitunas Sarasa, orgullo pickle navarro desde hace casi sesenta años caminando por el lado salvaje de los encurtidos, ha cambiado de manos.
En 2024 la compañía cerró con más de 28 millones de euros de facturación, con un crecimiento de las ventas, pero pérdidas superiores a 4 millones de euros, debido al encarecimiento de materias primas y costes energéticos. Un absoluto zartako financiero.
Las aceitunas se han encarecido principalmente por la sequía, que ha reducido las cosechas y la oferta disponible. A ello se suma el aumento de los costes de cultivo (riego, fertilizantes, gasóleo y mano de obra). También han subido los costes industriales, energéticos y de transporte.
Además, la competencia con el aceite de oliva reduce la aceituna destinada a la mesa y presiona aún más los precios. Las normas de la Unión Europea han aumentado los costes de producción y la guerra en Ucrania ha disparado el precio de la energía y los fertilizantes.
Ante la incapacidad de reequilibrar sus cuentas y tras negociaciones infructuosas con los acreedores, Aceitunas Sarasa solicitó en septiembre de 2025 un concurso de acreedores voluntario sin liquidación para intentar preservar la plantilla y la actividad comercial mientras se buscaba una solución.
Durante el proceso concursal se recibieron propuestas de compra de distintos inversores. Finalmente, el grupo indio Freshara Agro Exports, especializado en encurtidos y conservas con presencia en más de 50 países, adquirió la empresa en diciembre de 2025 por unos 7,7 millones de euros.
La operación fue aprobada por el juzgado mercantil tras el concurso, e incluye las tres plantas de producción (Andosilla, Cárcar y Almendralejo), la maquinaria, las marcas y acuerdos comerciales. La compra garantiza la continuidad de la actividad industrial y mantiene alrededor de 92 empleos.
Ahora que pinto mandalas y practico el yoga Hatha, este cambio no me parece ningún desdoro. Los empleos se mantendrán y podremos presenciar una reedición de la influencia mutua de Navarra y la India, que iniciara San Francisco Javier con su viaje a Goa en 1542. Las aceitunas bien pueden maridar con el curry; Amaia Romero podría hacer una colaboración con Anoushka Shankar; Clara Galle hacer sus pinitos en Bollywood.
En los colegios podría practicarse el críquet a la hora de la zambra en lugar de jugar a pelota mano. La txalaparta y el clarinete podrían ceder su espacio al sitar y a la Mridanga en las charangas.
Y es que Aceitunas Sarasa, fundada en 1968 en Andosilla por Rafael Rubio y Carmen Sarasa, siempre valoró la colaboración, combinando las tradiciones de aceitunas del sur de España con el arte del encurtido navarro.
Las marcas son algo más que un logotipo, son el rastro que deja el tiempo en la cesta de la compra.
Y Aceitunas Sarasa siempre será memoria viva en nuestro paladar.
Como cantaba Silvio Rodríguez: «Una aceituna mordida le ha vuelto a la vida todo su sabor Maravillado, respiro y siento tu olor»
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